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ETICA Y DESARROLLO

Estamos en un TITÁNIC. Es un mundo conducido por la ciencia, la tecnología, el mercado y el beneficio, motores poderosos, pero falta la ética, que es la única que tiene brújula
(E d g a r M o r í n)

ÉTICA y DESARROLLO

Bernardo Kliksberg


América Latina presenta múltiples desafíos que, al mismo tiempo que económicos y sociales, son éticos.
El 36% de los niños menores de dos años de edad padecen de desnutrición.
El 17% de los partos se hace sin asistencia médica.
La mortalidad materna quintuplica la de los países desarrollados.
La desocupación juvenil duplica la general.
Numerosas familias están siendo destruidas por la pobreza.
La brecha de desigualdad es la mayor del planeta.
El 5% más rico de la población tiene el 26% del ingreso nacional y el 30% más pobre sólo el 7,5%.
La criminalidad asciende y está ligada a la desocupación juvenil y al deterioro de la familia.
Son desafíos éticos ineludibles. Estos y otros desafíos éticos terminan de ser discutidos en el encuentro internacional "Etica y Desar rollo" realizado en Washington, que congregó a treinta personalidades prominentes, entre ellas: Premios Nobel, ex-presidentes, filósofos, líderes políticos, empresarios, académicos.
El debate fue pleno en enseñanzas útiles para la discusión existente en América Latina sobre las vías para el desarrollo. Tuvo varias direcciones centrales. La primera fue la necesidad de tomar conciencia crítica de los riesgos de la situación actual. El filósofo francés, Edgard Morin, resaltó que estamos en un Titanic. Es un mundo conducido por la ciencia, la tecnología, el mercado y el beneficio, motores poderosos, pero le falta la ética, que es la única que tiene una brújula.
En lugar de ser objetos pasivos del Titanic, tenemos que pasar a ser sujetos, devolviendo a su lugar central a la ética. El ex-Presidente de Chile, Patricio Aylwin, advirtió que los muy elevados niveles de pobreza y desigualdad de América Latina obstaculizan el desarrollo, son un peligro para la paz, constituyen un escándalo moral, y que las tendencias son alarmantes. Georges Alleyn, Director de la Organización Panamericana de la Salud, informó sobre las pronunciadas inequidades en el acceso a los factores determinantes de una buena salud, y el firmante detalló cómo ha surgido una nueva inequidad. Algunos tienen derecho a formar una familia estable y muchos, bajo el peso de la pobreza, el desempleo, y la incertidumbre económica, desisten de constituirla, o no logran que perdure. Monseñor Martin, Secretario de Paz y Justicia del Vaticano, afirmó que la pobreza ofende la dignidad humana y va "contra la Divinidad que creó al hombre a su imagen".
Otra dirección del debate fue el cuestionamiento de la visión reduccionista del desarrollo.
Joseph Stiglitz (ex-Vicepresidente del Banco Mundial) abogó por una perspectiva más amplia que tenga en cuenta, junto a lo económico, las instituciones, la política, el desarrollo humano, y el medio ambiente.
Cuestionó severamente los errores cometidos desde recetas unidimensionales que no funcionaron, y reclamó la necesidad de establecer un código ético para los asesores económicos, cuyo primer artículo sea la honestidad de no imponer teorías económicas que no tengan real validación empírica. Joan Prats, Director del Instituto para la Gobernabilidad de la ONU en España, resaltó que la buscada gobernabilidad democrática tiene su pilar en lo que se esté haciendo en el campo de la ética política, porque allí se generan la confianza y la desconfianza.
Una tercera dirección tuvo que ver con el llamado a asumir actitudes éticas auténticas.
El filósofo Peter Singer (Princeton University) señaló que Santo Tomás había indicado que,
satisfechas las necesidades básicas, lo demás debía ser compartido con los pobres.
Hoy el margen para hacerlo es enorme en los países desarrollados y, sin embargo, la ayuda real es mínima. Reclamó que "debe sentirse una nueva ética a todos los niveles, desde las instituciones financieras internacionales, hasta las naciones y los individuos. Aquellos que deciden el destino de millones de personas, que viven en pobreza absoluta, deben mostrar su actitud hacia la inequidad, y el egoísmo en sus propias vidas". El Rabino Israel Singer, Director del Congreso Judío Mundial, resaltó que debemos imitar a la Divinidad, cuyos atributos centrales son el perdón, y la búsqueda de justicia. La pobreza es una expresión cruda de la injusticia.
Otra dirección de análisis fue las consecuencias de la nueva configuración de la economía mundial. Se destacaron las posibilidades productivas y tecnológicas de enorme magnitud abiertas pero, al mismo tiempo, los graves desajustes. Sigrun Mogedal, Secretaria de Estado de Noruega, resaltó que los más vulnerables están siendo empujados cada vez más hacia la exclusión, y que era un imperativo ético que la equidad, la inclusión y la participación fueran colocadas en el centro de la agenda del desarrollo.
"Los países desarrollados todavía tendemos a considerar la ayuda como caridad debemos hablar más abiertamente sobre que ignorar los reclamos de los pobres en otros países es una violación de principios de los derechos humanos". Exhortó a que los desarrollados debían moverse de las palabras a los hechos.
Una última orientación del debate fueron las metas finales. Para el Nóbel Amartya Sen el objetivo es lograr que los seres humanos puedan ejercer una libertad real y realizarse.
Ella depende de su acceso a salud, educación, participación y oportunidades. La desigualdad lo bloquea. Algunos rechazan, en nombre de la libertad, que se dé prioridad a la equidad. Se planteó: "Si la libertad es realmente importante, no es correcto reservarla sólo para unos pocos escogidos La desigualdad es una preocupación central desde la perspectiva de la libertad". Enrique Iglesias cerró el encuentro señalando que era necesario pensar en la globalización de la solidaridad y, asimismo, impulsar por todas las vías la idea fuerza de la participación.
Un planeta lleno de oportunidades, pero en donde mueren 30.000 niños por día, por causas prevenibles, una América Latina con más de 220 millones de pobres, una visión del desarrollo sólo economicista, que exige reformulación, la necesidad de asumir responsabilidades éticas frente a los desafíos sociales, de reglas de juego mundiales más justas, una libertad real, el valor de la solidaridad y la participación, fueron algunos de los énfasis de esta "provocación" a pensar éticamente el desarrollo. La misma tiene, en realidad, orígenes muy antiguos. En el libro más leído por el género humano, la Biblia, está escrito "No desatiendas la sangre de tu prójimo" (Levítico, 19:16).


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